jueves, 6 de agosto de 2009

Malditos....

Ya habían salido de su escondite hace oras, ahora estaban en otro mejor.
Disfrutan de la brisa nocturna, de pasar frente al mundo, totalmente desconocido; eso es lo mejor.

Las miradas se sucenden, los roces por encima de la piel, un sinquerer muy intencionado detras de otro...

La tension se acumula, la respiracion se agita, y los cuerpos se siguen aproximando.

La espesura de la noche da paso al lenguaje de las caricias, y como no, de los besos. Y se intentan descifrar sumiéndose en eternas miradas, asombrandose de la belleza y el encanto que tienen sus ojos.

Los cuerpos se vuelven de fuego, y todo se deshace a su alrededor. Ya no hay nada que importe, solo él y ella. solo los dos. Y así van uniéndose hasta que todo es luz... más y más luz...

Malditos policías locales cortapunto... "-_-




martes, 4 de agosto de 2009

Mi abuelo y las aspirinas


Mi abuelo es catedrático. Se sacó la carrera de medicina en sus años mozos en el tiempo debido y sin repetir ningún curso. También estudió ciencias políticas en los tiempos del PSOE allá en el 80y tantos, y al poco de llegar a la jubilación hizo la licenciatura de filosofía en pocos años pues le convalidaban muchas asignaturas; entre ellas “Vivencias de un octogenario” y “Todos están equivocados menos yo”. Actualmente trabaja como director de una revista científica parlante de distribución oral. Claramente hablo con un tono irónico más que superlativo.

Y es que parece que con la edad nuestro cráneo se endurece, hasta tal punto de que no hay lugar a la recapacitación, y mucho menos al error. Acabo de conseguir escapar a una conversación (aunque debería llamarlo monólogo) de más de 45 minutos. Sí 45 minutos, que me han parecido como 7 interminables horas, 7 horas de asentir y aguantar la compostura; porque, si me atrevo a replicar… se podría haber prolongado hasta 1 hora y media… quién sabe.

A mi hermana le han diagnosticado epilepsia, con apenas 17 años, una enfermedad que no tiene cura, y si mal no me he informado, esta enfermedad provoca que tus neuronas envíen señales eléctricas a diestro y siniestro, tu cerebro se colapsa, tus músculos se ponen en tensión hasta el límite de poder seccionar tu propia lengua de un bocado.

Desgraciadamente mi tío, hijo de mi licenciado abuelo, padece alguna variedad de esta enfermedad desde hace tiempo, de ahí sus vastos conocimientos científicos sobre este tema.

Según mi abuelo, si se le hubiese administrado una dosis de la medicación que recibe mi tío, mi hermana se podría haberse ahorrado algunos de los ataques que últimamente ha recibido. Lo que mi abuelo ignora es que esto no es como un catarro que puedes curar atiborrándote a antibióticos. Existen varios tipos de epilepsia, cada una producida por causas distintas, y además, la medicación se da en función de la edad, sexo, peso… y un largo etc. Con este pretexto le quise responder hace unos días cuando saltó con la estupenda idea. Pobre ingenuo. Pobre de mí… A partir de ahí todo fueron gritos, y una conjugación de metáforas fusionadas con refranes sacadas de un polvorín que estaba deseando de ser usado… solo puedo soltar una gran carcajada al recordar el momento.

Pero así es mi abuelo, de mollera cerrada, radical hasta la médula y con gran sentido de lo que es correcto en cualquier tema existente y de los errores. Los de los demás por supuesto.

¡Abuelo! La vida también está teñida de tonos grises!